La Venganza de Nyer: El Origen del Odio (Extra 2)

EXTRA 2: La Noticia Inesperada 

Era otoño cuando conocí por primera vez a mi sobrina, Nyer.

Todo comenzó en un distinguido despacho de abogado.

Casa de Rodolfo, años atrás...

Sonó el teléfono en la sala principal, interrumpiendo el silencio.

Contesté, expectante. —¿Es usted, Rodolfo López? —preguntó una voz al otro lado.

—Sí, dígame, con quién tengo el gusto de hablar —respondí con tono dudoso.

—Soy el abogado de la familia de su hermano —explicó—. Vengo a darle mi condolencia por la muerte de su hermano mayor y su cuñada.

La noticia me golpeó como un rayo. Mi hermano, Ramírez, había fallecido. Sentí una mezcla de emociones: sorpresa, tristeza y culpa.

—¿Qué pasó? —pregunté, intentando procesar la información.

—Lo siento, señor. No tengo detalles sobre las circunstancias de su muerte. Sin embargo, su hermano dejó un testamento, y usted es uno de los beneficiarios.

Mi mente comenzó a girar con preguntas. ¿Por qué mi hermano me dejaría algo? ¿Qué podría ser?

—¿Qué hay en el testamento? —pregunté, ansioso. —Lo desconozco —respondió el abogado—. Su hermano pidió que se leyera el testamento frente a los familiares directos. Debo informarle que también hay una cláusula específica sobre su hija, Nyer.

La mención de Nyer me hizo sentir un escalofrío. Mi sobrina. —¿Dónde y cuándo se leerá el testamento? —pregunté.

—El próximo viernes, a las 10 de la mañana, en nuestro despacho —respondió el abogado.

—Estaremos allí —confirmé.

Después de la llamada, me quedé sentado, perdido en pensamientos. Mi hermano había muerto, y yo no sabía qué sentir.

Horas más tarde, mi esposa, Rose, llegó a casa. La miré, sabiendo que la noticia la afectaría.

—Amor, tengo que contarte algo —dije, con suavidad.

Ella se sentó a mi lado, expectante.

—Me acaban de llamar del despacho del abogado de mi hermano —comencé—. Ha fallecido.

Rose palideció, pero se recuperó rápidamente. —¿Y...? —preguntó.

—Dejó un testamento. Nosotros somos beneficiarios —revelé. La expresión de Rose cambió. Una mezcla de sorpresa y esperanza.

—¿Crees que podamos recuperar a Thiara? —preguntó.

Mi corazón se tensó. Thiara, nuestra hija, había sido dada en adopción debido a nuestra situación económica.

—No lo sé —respondí—. Pero debemos estar allí para escuchar el testamento.

Rose asintió, determinada. —Estaremos allí —dijo.

Llegó el día de la lectura del testamento.

Mi esposa, Rose, y yo nos dirigimos al despacho del abogado, sin considerar que estábamos de luto y que no éramos los únicos invitados.

Nuestra ropa vieja y desaliñada contrastaba con la elegancia de los demás parientes. Al entrar en la sala de espera, las miradas se posaron en nosotros. Ni siquiera intentaron disimular su repugnancia.

Mi esposa comenzó a temblar, y yo la tranquilicé con un beso en la frente.

—Tranquila, si no nos dejó nada, haré lo posible por encontrar un empleo mejor y recuperar a nuestra hija —le dije.

Después de varias horas, llegó nuestro turno. Solo quedábamos tres personas: mi esposa, yo y una niña que estaba sentada a nuestro lado. No nos habíamos percatado de su presencia hasta que nos convocaron al despacho.

Mi esposa se enojó, con justa razón. ¿Cómo podría cuidar a la hija de su ex prometido?

—¡Vámonos ya! —exclamó.

Pero el abogado nos detuvo: —Ningún pariente quiere adoptar a Nyer, a pesar de la gran herencia que conlleva y la cláusula del testamento.

Mi esposa me susurró: —¿De acuerdo a la cláusula podemos quedarnos con todo si no nos descubren?

—La niña no puede hablar —respondí—. ¿Nos están dando la ventaja?

Mi esposa sonrió, con una mirada maliciosa. —Por mi hija soy capaz de cruzar un camino de clavos para traerla conmigo.

Decidimos adoptar a Nyer como nuestra hija, motivados por la cláusula y la herencia que conllevaba.

El abogado nos presentó a nuestra sobrina.

La niña era bellísima, con pelo oscuro vivaz y ojos dorados.

Mi esposa pensó: "¿Cómo pudo suceder esto? Mi hija no nació en una vida llena de lujo...".

Yo pensé: "¿Es que acaso mi hermano quiere opacar a mi hija como lo hizo conmigo?".

Ambos llegamos a la misma conclusión: "No hay duda alguna, esta niña tiene que pagar por el error de sus padres."

Desde ese momento, Thiara fue la princesa de la casa, y Nyer, la cháchara de Thiara, un fantasma en esa casa.

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