La Venganza de Nyer: El Accidente Mortal y el Despertar Solitario de Diana (Cap. 41)

Cap. 41: Después De Escapar Del Instituto: Diana, María Y Doctora 

Recordatorio del Capítulo 24:El grupo halla a Luisa demacrada. María, con odio, la asesina a golpes y luego finge llorar ante una conmovida Thiara, desatando la tensión con Diana. Tras discutir, escapan en auto hacia sus familias. Thiara sugiere unirse a su padre, lo que genera celos ocultos en Diana y un falso interés en María. Al llegar, Thiara abraza a su padre, dejando a Mario decepcionado por no ver a la doctora.

Dentro del auto, la Doctora y las dos niñas se pusieron sus cinturones de seguridad mientras la Doctora arrancaba el vehículo. 

Conducía con atención, pero su mente estaba llena de preguntas "Necesito saber más sobre las niñas para planificar su ruta de manera efectiva" Pensó.

—¿A dónde viven sus padres? ¿Qué hacen? ¿En dónde trabajan? ¿Hay otras personas viviendo con ustedes aparte de sus parientes? —preguntó la Doctora, intentando obtener una idea clara de los posibles escenarios que podrían surgir en el camino y cómo podría priorizar sus entregas.

María y Diana se miraron entre sí, sorprendidas por la cantidad de preguntas.

María se cuestionó si la Doctora tenía alguna intención oculta detrás de sus preguntas, pero rápidamente se dio cuenta de que era lógico que la Doctora necesitara saber dónde vivían para poder llevarlas a sus hogares.

"¿Por qué pregunta tanto por nuestra condición familiar? ¿Qué saca sabiendo eso?", pensó María, pero luego se respondió a sí misma: "Es verdad, ella no nos conoce. ¿Cómo va a dejarnos en nuestra casa si no sabe por dónde vivimos? De ahí las preguntas".

Por otro lado, Diana se sintió incómoda con las preguntas. Su origen humilde la hacía sentir vulnerable, y la idea de hablar sobre su hogar la ponía nerviosa.

"¡Mierda, nunca hablé de mi hogar, siempre traté de ocultarlo de los demás! ¡Por eso nunca las invité a mi casa!", pensó Diana, recordando cómo había mantenido su vida personal en secreto.

Mientras las niñas pensaban en sus respuestas, la Doctora notó su reticencia y se preguntó si estaba presionándolas demasiado. Sin embargo, sabía que necesitaba obtener la información para mantenerlas a salvo.

De repente, Diana recordó un incidente que había tenido con María y Luisa en el instituto.
Habían estado corriendo para escapar de... de "esas cosas" que los perseguían. María se había detenido, jadeando, y Diana le había gritado que siguiera adelante.

"¡YA NO PUEDO CORRER MÁS...!", había dicho María, mientras Diana le respondía: "¡PORQUE SE DETIENEN! ¡NUESTRO OBJETIVO ES CRUZAR POR LA PUERTA DE ATRÁS DE LA ENFERMERÍA! ¡SI TENEMOS SUERTE PODREMOS SALIR ILESAS!".

Luisa había intervenido, preocupada por María, pero Diana se había enfurecido con ella.

"¡SI DESEAS MORIR! ¡MUÉRETE VOZ..., PERO NO ARRASTRE A LOS DEMÁS CONTIGO!", le había dicho.
La memoria se desvaneció, y Diana se encontró de nuevo en el auto, con la Doctora y María mirándola.

Se sintió aliviada de que no pudieran leer su mente.

La Doctora continuó conduciendo en silencio, intentando darle tiempo a las niñas para que hablaran. Sin embargo, su mente estaba llena de ansiedad. ¿Qué podía hacer para obligarlas a hablar más rápido? No quería abandonarlas, pero tampoco podía quedarse allí todo el día.

Finalmente, María rompió el silencio.

—¿Soy un Srednje del clan Ochoa? Mis padres siempre andan de viaje, pero hoy están en casa, avenida 16 al frente del parque, solo soy yo y mis padres, y 6 sirvientas y un mayordomo que se encarga del hogar.— dijo con orgullo, intentando impresionar a la Doctora.

La Doctora asintió, sin impresionarse por el estatus social de María. Luego se dirigió a Diana.

—¿Y tú? ¿Dónde vives? ¿Tus padres también están en casa?

Diana respondió nerviosamente, intentando mantener su secreto a salvo.

—Sí, yo también vivo cerca de donde vive María.

La Doctora se sorprendió, al igual que María.

—¡Genial Diana y María! ¿Así es más fácil dejarlas? —dijo, intentando disimular su sorpresa.

María se volvió hacia Diana, con una mirada llena de frialdad. —¡Cómo es eso que vives en mi vecindario! ¿Desde cuándo? ¿Por qué no lo dijiste antes? ¿Podíamos haber ido y venido juntas al colegio?

La Doctora se calló, permitiendo que las niñas hablaran entre sí.

Mientras tanto, pensó en lo difícil que era tratar con ellas. "¿Qué puedo hacer yo para que reaccionen? ¡Nada! ¡De nuevo, nada!", se dijo con frustración.

María miró a Diana con una intensidad que helaba la sangre. "Todo este tiempo te estuviste riendo de mí, viéndome la cara de estúpida", pensó María, deseando poder decirle a Diana lo que realmente pensaba, pero se contuvo debido a la presencia de la Doctora.

Diana, por su parte, se sintió incómoda bajo la mirada de María. Sabía que María era una persona manipuladora y que no debía subestimarla. "¿Por qué tuve que decirle que vivo cerca de ella? ¿Por qué no podía haber mentido?", pensó Diana, intentando mantener la calma.

La Doctora, mientras tanto, continuaba conduciendo, intentando mantener la calma y la objetividad. Sin embargo, su mente estaba llena de preguntas y dudas sobre cómo manejar la situación. Sabía que no podía presionar demasiado a las niñas, pero también necesitaba obtener la información necesaria para llevarlas a sus hogares de manera segura.

Mientras las niñas seguían discutiendo, la Doctora se dio cuenta de que la tensión entre ellas era palpable. Intentó intervenir, pero María y Diana estaban demasiado ocupadas discutiendo como para prestarle atención.

"¿Qué está pasando aquí?", pensó la Doctora, intentando entender la dinámica entre las dos niñas. Sabía que María era una persona de familia adinerada, y que Diana parecía ser de origen humilde. ¿Era eso lo que estaba causando la tensión entre ellas?

La Doctora siguió conduciendo, intentando encontrar la mejor ruta para llevar a las niñas a sus hogares.

En la discusión de Maria hacia Diana, Maria se sumerge en el recuerdo de cuando trataba de huir por la enfermería 
FLASH BACK.

—Chasqueó la lengua para hablar en tono indiferente—. ¡Yo nunca las consideré mis amigas! ¡Estamos juntas por beneficios! ¡Así que deja de fingir que lo somos! ¡Te recuerdo que tu actuación no me conmueve! ¡Hace tiempo conozco tu manera de manipular a otros...! ¡Y! ¡Además, yo tengo que ir a buscar a mi familia!
María apretó los puños. No era un juego de astucia, era una humillación constante. Diana no necesitaba manipularla con palabras; simplemente con existir cerca, siendo testigo de su hipocresía día tras día, Diana tenía el poder de destruirla. Eso era peor que cualquier titiritero

Se quedó en shock por esto último, haciéndola reflexionar: "¿No es imposible esa idea, ya que el instituto Happygirl no solo acepta personas con grandes antecedentes, sino también personas de bajos recursos?" Con esta idea en mente, María sonrió con una sonrisa llena de malicia, ya que por fin había conseguido una forma de controlar a Diana.

Pero la conciencia de María le comenzó a dictar el error que había cometido: 

"¡Que había fallado como futuro líder Srednje del clan Ochoa por haber mostrado debilidad a otros! Si esto llega a los oídos de mis padres, capaz me maten o algo mucho peor, la venda en el mercado negro. ¿Ellos no van a querer a alguien que ha mostrado debilidad enfrente a otro todos estos tiempos, ensuciando así el nombre del clan?!"

María sabía que la sangre no ataba dentro del clan, sino servía, había dos opciones: la primera era venderte, y la otra era matarte, y cualquiera de las dos opciones era mala.

Diana y la Doctora notaron cómo las miradas de María, que irradiaban frialdad, se tornaron opacas como si no tuviera vida.

La situación se estaba volviendo cada vez más tensa, y la Doctora sabía que necesitaba intervenir antes de que las cosas se salieran de control.

Pero ¿cómo podía hacerlo sin empeorar la situación? Pensó, La Doctora

De repente, María dijo algo que hizo que la Doctora se sorprendiera.

—¿Sabes qué, Diana? Me alegra que vivas en mi vecindario. Podemos ser amigas.—lo dijo: con una mirada opaca

Diana se volvió hacia María, su rostro lleno de sorpresa y desconfianza.

—¿Amigas? ¿Tú y yo? —dijo, intentando mantener la calma.

La Doctora pensó: "¿Qué demonio le ocurre ahora a esta niña? De repente la mirada de una de ella perdio vida como si algo la tuviera atormentando".

Diana, en cambio, sabía lo que significaba justo ahora, ya que ella misma había experimentado lo que era perder toda esperanza. Pensó: "¡Uno solo entra en ese estado cuando algo muy fuerte (emocionalmente) le haya ocurrido, para que tu alma sea llevada al abismo!" Con eso en su mente, Diana chasqueó su lengua con enojo, porque pensaba que los ricos no hacían esa expresión, causando que la cacheteara.

—¡Plaf! ¡Plaf! —Le dio dos bofetadas en cada lado del cachete de María, sorprendiendo a ambas.

María reaccionó con enojo: "¡Tú...! ¡Cómo te atreves!" Se sobó los cachetes mientras apretaba los dientes con enojo.

Diana la miró de manera altiva: "¡Si me atrevo, qué! ¿Acaso me vas a golpear? ¿Si es así, ven que no te tengo miedo?"

La Doctora pensó: "¡No hay duda, estas niñas se van a pelear dentro del auto, debo detenerlas!" Pero no pensó en detener el auto, ya que los golpes no daban tiempo.

Se volteó en pleno manejo, sin darse cuenta de que había dos bestias raras peleando frente en la calle.

Las niñas se dieron cuenta y gritaron: "¡Doctora, el volante, cuidado esas best...!" Pero era demasiado tarde como para reaccionar. 

Las bestias que peleaban entre ellas, al ver el auto dirigido a ellos, lo agarraron y lo lanzaron como si de un juguete fuera.

En ese momento, las personas dentro del auto perdieron la noción, pero algunas perdieron la vida en el acto.

En otro lugar, en la sala de comunicación de la O.Z., se encontraron una imagen medio rara. Había un infectado atado a unas tuberías con un letrero que decía "no matar". Le comunicaron al jefe del lugar de esto.

Cuando lo vio el subalterno Génova, pensó: "¡Solito llegan los especímenes a la mano U.M.!" Procedió a darle una orden al personal para que fueran por aquel infectado y lo llevaran a la U.M. para hacer investigaciones y encontrar posibles curas.

En unas horas después del accidente, Diana comenzó a despertar, sintiendo un dolor intenso en la cabeza y el cuerpo. Abrió los ojos lentamente, y se encontró con una escena de caos y destrucción.

El auto estaba volteado, y María estaba a su lado, inmóvil. Diana se dio cuenta de que algo terrible había sucedido.

Se tomó un momento para procesar lo que había pasado, y luego se movió lentamente hacia María. Le tomó el pulso, y se dio cuenta de que estaba muerta. Diana se sintió un shock y una tristeza profunda, pero sabía que no podía permitirse el lujo de llorar en ese momento.

Se desató el cinturón de seguridad y se movió hacia la parte delantera del auto. La Doctora estaba desplomada sobre el volante, con la cara desfigurada por los fragmentos de vidrio.

Diana se sintió un escalofrío al ver la escena, pero sabía que tenía que actuar rápido. Se acercó a la Doctora y le tomó el pulso, pero no había nada. La Doctora estaba muerta.

Diana se sintió sola y asustada, pero sabía que tenía que seguir adelante. Se salió del auto y se encontró con un paisaje de destrucción y caos.

El auto estaba destrozado, y había restos de vidrio y metal por todas partes. Diana se dio cuenta de que había sido un accidente terrible, y que ella había tenido suerte de sobrevivir.

Se tomó un momento para evaluar su situación y planificar su próximo movimiento. Sabía que tenía que encontrar ayuda y refugio, y que no podía quedarse allí parada. Se puso en marcha, decidida a sobrevivir en un mundo que parecía haber sido destruido.

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