Cap. 42: La sombra del pasado (El Origen de Diana y la Promesa de Roddy)
Diana había caminado hasta llegar a la avenida trece, un lugar desolado y abandonado. A lo lejos, dos figuras extrañas se acercaban, sus movimientos lentos y torpes.
Ella se escondió detrás de unos botes de basura, su estatura pequeña la hacía invisible en la penumbra. A medida que se acercaban esas dos siluetas, Diana se dio cuenta de que eran dos personas del mismo género que ella, la silueta más grande era la figura de una mujer adulta y la otra de una niña más joven que ella.
Cuando más claro se volvía el escenario, las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas.
—¡Mamá... Her...! —No pudo articular más, porque las lágrimas no dejaron que hablara en ese momento.
Los gritos de sus llantos se hicieron resonar por su desdicha.
—¡No puede ser! —pensó—. ¡Que, por una vez en su vida, el mundo iba a estar a su favor, pero no fue así! —Susurró—. ¿Por qué no fui yo? ¿Por qué ellas? —Lo dijo con tanto enojo que golpeó el tacho de basura en donde estaba, debido a la impotencia que sentía en ese momento de no protegerlas.
Un recuerdo la invadió, un flashback que la llevó de vuelta a un día de primavera, cuando tenía cinco años.
Era el evento de la cosecha en la escuela, y los docentes convocaron a los padres para que asistieran junto a los estudiantes.Ese día llegó tarde al departamento, y cuando abrió la puerta, se llevó la sorpresa de ver a su madre toda golpeada, abrazando a su hermana que estaba inconsciente con unos moretones por todo su cuerpo.— ¡Mamá, mamá...! ¡Te encuentras bien! ¿Quién les hizo esto, mamá? —preguntó Diana, pero su madre no respondía.Su hermana, sin embargo, dijo con lágrimas en sus ojos—. ¡Pa...! ¡No peje a ma...! —Al escuchar estas palabras, Diana se sintió indignada, un sentimiento que no entendía. Se preguntaba por qué el ser que debía protegerlas les hacía estas cosas a su madre y a su hermana.Mientras sacaba a su hermanita que estaba debajo de su mamá, la puso a ambas a un lado, tendida en el piso, todo eso lo hizo con delicadeza. Luego escuchó la voz de su padre, gritando y lanzando algo.Se acercó a la puerta, y lo que vio fue a su padre tomado, sentado en el mueble viejo viendo un partido de fútbol, insultando a todo pulmón a la pantalla de la televisión, que ahora estaba rota.Diana se sintió llena de rabia y dolor. —¡Tú... prometiste no hacerles nada a ellas si dejaba que me tocaras mis partes! —lo dijo chillando los dientes, por la impotencia que sentía.Algo dentro de ella la impulsaba a querer matarlo. Pensó—. ¡Si tú no existieras! ¡Mi madre y mi hermana estarían felices! ¡Tu simple existencia nos causa dolor, porque no desapareces! —Fue a la cocina, en busca de un cuchillo, mientras que su padre seguía sentado viendo la TV, y debido al alcohol no estaba en sus cabales.Esperó a que su padre no la viera y fue en busca de veneno para ratas, y puso el veneno en la botella de cerveza sin que se diera cuenta, y lo puso al lado de él y una vez que bebió el trago envenenado se acercó con el cuchillo a mano, le clavó en sus ojos, para luego cortarle los dedos, bañándose en su sangre.
En aquel momento aprendió lo que se sentía matar a alguien.
—pensó— como antes le hacía sentir asqueada por dejar que este hombre la tocara con tal de ver a su madre y hermana bien pero en ese momento verlo morir en su mano la hacía sentir poderosa.
Con esto en mente volvió a su presente en donde no pudo proteger su felicidad.
—Diana, se maldijo a sí misma.—¡Perdón por dejarte a ti y a mamá, debí haberme quedado con ustedes! —se decía esto a sí misma para castigarse, ya que había prometido protegerlas, pero había fallado. Ya no tenía una razón para vivir.
Con todo el ruido que ella había hecho para desahogarse, atrajo la atención de esos dos seres, haciendo que aceleraran sus pasos hacia ella.
Diana había perdido la cordura, como para pensar o reaccionar hacia cualquier peligro que se le presentara. Solo estaba ida en su mente, mientras se hundía en la oscuridad.
—¿Por qué el destino juega en mi contra siempre? ¿Por qué debo ser yo quien siempre pierde? —pensó Diana, quedándose quieta, para ser devorada por sus dos únicos seres a quien ella más para ser devorada por sus dos únicos seres a quien ella más amaba.
Ya no tenía una razón para vivir, solo esperaba su muerte para reunirse en aquel mundo que le había arrebatado a sus dos seres a quien más amaba.
En eso apareció un hombre fornido de buena presencia, de pelo castaño y ojos café, de piel blanca, con un lunar en su cara. Él la agarró como si fuera un saco de papa, para correr con ella alejándose de aquellos seres.
Al darse cuenta ella de eso, ya era muy tarde como para reaccionar.
—¡Ey, suéltame, qué haces! ¡No ves que son mi familia! —lo dijo:Diana.— con un tono áspero, perturbando al oído de aquel desconocido que la llevaba.
—Te puedes callar, atraerás a esas cosas —lo dijo:Roddy.— aquel hombre con un tono cansado.
—Diana.— entre lágrimas.— le dijo: al hombre: —¡Por favor te lo pido! ¡Devuélveme con ellas para viajar a su lado!
Al escuchar esto, el hombre se detuvo, bajando a la niña para arrinconarla contra la pared, para cuestionarla de manera razonable.
—¡Estás loca! ¿Tú crees que ellas estarían felices sabiendo que desperdiciaste tu vida de esta forma por ellas?! —le dijo:Roddy.— con una voz firme pero controlada.
—Diana.— gritó con enojo: —¡Tú qué sabes de ellas como para que me digas eso!
—El hombre.—replicó con una voz cansada: —¿Y me supongo que tú sí sabes lo que deseaban ellas para ti?
Estas palabras la hicieron pensar mucho, ya que la verdad nunca les preguntó a ellas (Mamá y Hermana) qué deseaban para sí misma, además nunca preguntó qué deseaba ella (Diana), ya que siempre les decía a ellas que mientras estuviera ella, las iba a proteger.
El hombre la miró fijamente a los ojos, esperando una respuesta. Diana se quedó en silencio, reflexionando sobre sus palabras. Por primera vez en mucho tiempo, se dio cuenta de que quizás no había entendido lo que realmente querían su madre y su hermana.
—¿Qué querían ellas para mí? —susurro: Diana.— en voz baja, casi como si hablara consigo misma.
El hombre la miró con una mezcla de curiosidad y compasión.
—No lo sé, pero quizás deberías preguntarte a ti misma qué quieres tú —respondió él con una voz suave.
Diana se quedó pensativa, sin saber qué responder. La respuesta del hombre la había dejado sin palabras. Por primera vez en mucho tiempo, se dio cuenta de que quizás había estado viviendo la vida de acuerdo a lo que creía que otros querían de ella, en lugar de lo que ella misma deseaba.
El silencio se hizo entre ellos, y el hombre se limitó a observarla, esperando a que ella procesara sus pensamientos.
Diana se dio cuenta de que quizás era hora de empezar a preguntarse qué quería ella, y no solo vivir para proteger a otros.
La pregunta del hombre le había abierto una puerta a una nueva posibilidad, una que Diana no había considerado antes.
Al ver a la niña que estaba en silencio, y a percatarse de que el cielo ya iba oscurecer.
—le dijo: Roddy.— Sentémonos un rato para hablar. —lo dijo, en un tono amable.
La niña solo lo siguió para que él hablara como si fueran cercanos entre ellos.
—Yo desde que tengo memoria fui un niño sin padre, que andaba de un hogar a otro, para al final no estar con nadie, cuando cumplí mis 18 años, ya era un adulto y tenía que vivir por mí mismo, pero no fue todo color de rosa, había empleos que no duraban mucho, ya sea por mi carácter o mi moral me echaban. Estuve por un buen tiempo en la calle, viviendo de otros, pero conocí a una mujer a los 24 años, me enfoqué en ella como si de un lucero fuera para mí, pero ella me traicionó y me robó mi dinero quedándome otra vez en la calle, pero en un año todo cambió con una mujer muy amable, ella siempre me trató como un igual en medio de la sociedad. A pesar de que otros me votaban o me miraban mal, ella me trató como de un humano se tratara, además le daba limosna en grande cantidad cosas que otros no hacían ni tampoco era obligado en darle, pero un día se me acusó de robo y ella me defendió, pero no solo eso, me dio la oportunidad de remediar mi paso así convertirme en un CEO, a pesar de no tener un clan que me respaldara. Ya estando a su nivel quise buscarla, pero fue demasiado tarde, cuando la encontré no pude protegerla como tú con tu familia, yo tampoco pude, el virus la convirtió también, sé que pronto han de sacar una cura solo hay que ser paciente, por eso busco a su sobrino a quien ella me recomendó, se llama Dark Black. —Lo dijo:Roddy— mostrando una foto de él.
Haciendo que Diana lo mire con unos ojos extraños.
—diciendo: ¿Y eso que tiene que ver conmigo? —lo dijo: Diana— mostrándose confundida.
A escuchar eso, se puso a pensar por las palabras que dijo la niña "¿Cómo que tiene que ver contigo? ¡Ohm...!" lo pensó, mientras se sobaba la barbilla, y ponía una cara pensativa para responderle con entusiasmo.
—¡Tiene que ver mucho! ¿En todos los sentidos? —Lo dijo:Roddy— poniendo una cara sabiondo.
—le dice: Verás linda jovencita, tú y yo tuvimos personas importantes en nuestra vida que queríamos proteger ¿verdad?
Se detiene para ver su respuesta, a ver que ella asiente comenzó a decir.
—Pero los perdimos en el transcurso del camino.—lo dijo:Roddy
Se detuvo a ver que la niña, comenzó a hacer puño por el enojo, y la frustración de las palabras del señor.
Él a darse cuenta de esto pasó a decirle.
—Aun así, ellos están felices porque estamos aún con vida ¿Sabes, los padres sin importar la clase social o circunstancias que estén, ellos siempre van a querer que sus hijos vivan por ellos, y no me refiero que seas como ellos, sino que vivas aún si no están con nosotros, que recorras tu propio camino y seas feliz? Eso son los deseos del padre hacia sus hijos. —Lo dijo:Roddy— para poner su mano en la cabeza de la niña tocándole el pelo.
A sentir, ella (Diana) esas manos cálidas, comienza a llorar, además también por las palabras del señor que le llegó hasta su alma rota, era como si le estuviera dando otro motivo para seguir adelante, pero reflexionó sobre algo
"¿Cómo él sabe lo que ella hubiese deseado para él, ya que había pasado mucho tiempo de que se vio con ella, digo? ¿no?" Pensó Diana, ella no se aguantó la duda, y le pregunta.
—¿Cómo sabes tú lo que ella tú salvadora hubiese deseado para ti, ya que no se habían visto por mucho tiempo, digo, no, las personas cambian? —haciendo hincapié a esto último.
— le dice: Alguien que es capaz de darte su boleto ganador de la lotería ¿no es alguien que sea capaz de desearle el mal a otro, como para que le sigas con ella después de la muerte?
A escuchar eso Diana, se sorprendió lo que hizo esa mujer "¿Será tonta, porque darle algo así a un desconocido, creo que yo no lo haría?" pensó Diana, para recordar la última palabra que dijo él.
"¿no es alguien que sea capaz de desearle el mal a otro, como para que le sigas con ella después de la muerte?"
Ella quería volver a dialogar con él acerca de su duda, pero comenzaron a aparecer los zombis.
El hombre la agarró de nuevo pero esta vez un poco más amable, para echarse a correr, para luego entrar al primer hotel que le apareció.
Procedieron a entrar, para poner a la niña en algún lugar seguro del hotel, mientras que esas cosas le seguían, así que metió a Diana en el armario, pero antes de decirle.
—¿Espérame aquí, confía en mí? ¿sí? ¿No te voy abandonar, a traeré esos zombis lejos de aquí, mi entra trato de encontrar al sobrino? ¿sí? No hagas bulla, antes que amanezca estaré aquí, pero recuerda no bulla.
En eso, sale corriendo, en su mano tenía un reproductor, y comenzó a hacerlo sonar, mientras saltaba de la segunda planta en unos arbustos que apaciguó la caída, sin duda alguna los zombis lo siguieron.
Él se había percatado de esa variable, que el ruido los atraía, así que usó esa ventaja para moverse, es por eso que tenía varias de esos reproductores, y así es como distrajo a los zombis para ir a ese lugar que le dijo su salvadora para encontrar al sobrino.
Llegando al condominio que le menciono su salvadora se encontró F.E.K. que le impedía seguir arriba, pero con mucho esfuerzo llegó al departamento para encontrar que no estaba. Estos soldados que le siguieron a detener solo lo miraron con pena al señor, ya que ellos ya habían recorrido el lugar y sabían que no había nadie, se lo habían dicho, pero él no hizo caso y comenzó a pelear con ellos para entrar.
De alguna forma este hombre se había escurrido, y llegado hasta acá para al final confirmar que no había nadie, haciendo que el señor le pregunté a ellos.
—Ustedes evacuaron las personas del edificio ¿Verdad? —Lo dijo:Roddy— agarrando de la camisa al soldado, que está al frente de él para mirarlo a los ojos, en busca de una respuesta esperanzadora, pero este le mira penoso.
Ya que ellos eran conscientes de que el edificio estaba vacío, y no era porque ellos habían evacuado a las personas, sino porque estaban muertas o infectadas. Ellos solo voltearon su cabeza, incluido el que tenía agarrado de la camisa, evitando la mirada del señor. Dándose cuenta que sus miedos se hacían realidad a recibir ese gesto de desviar su mirada, a no querer mirarlo.
—gritó en llanto. —¡No, no puede ser! ¡No llegué a tiempo!
Con esta palabra recordó a la niña, para querer salir de allí, pero los soldados lo detuvieron sedándolo, pero antes de perder la conciencia.
—les dijo: ¡Hotel Ziu hay una niña ah...! —perdió la conciencia.
Lo llevaron a la Zona segura, pero le hicieron caso a lo que dijo antes de perder la conciencia, así que se fueron a ver al hotel Ziu.

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