Planeta Zero: La Heredera del Silencio | Capítulo 9: El Espejo de la Derrota

Capítulo 9: El Espejo de la Derrota

Xiomara Wei Lu permanecía en las sombras de la Hovedgren, con la mirada fija en su hijo de dos años, Carlos Monte. Ese niño era el último residuo de su ambición: el hijo que debía haber heredado la gloria, pero que el sistema —el mismo que ella ayudó a endurecer— había marcado como un Du prescindible.

Rose apareció tras ella. No traía la satisfacción de una vencedora, sino la amargura de una prisionera. El decreto del Emperador, que la nombraba Rose Monte Xiu y la elevaba a Di, le provocaba náuseas. Era la confirmación de que, incluso logrando el poder total, el mundo se negaba a reconocer su mérito, forzándola a ocupar el lugar que ella siempre renegó.

—El Emperador ha ensuciado mi nombre con ese título —dijo Rose, su voz cargada de un desdén frío—. Querías que yo fuera la más fuerte, que limpiara el clan de la mediocridad de Fernando y Thiara. Pues bien, lo logré. Fernando está muerto, Thiara no existe, y tú has quedado relegada a la posición de una concubina sin poder. ¿Es esto lo que querías? ¿Esta farsa donde me obligan a ser una Di?

Xiomara apretó los puños, el odio hirviéndole en la sangre. Rose seguía sin saber que ella era la legítima heredera de los Monte, la que siempre debió estar en la Hovedgren. Xiomara no confesaría; prefería que Rose creyera que era un peón del sistema antes que admitir que ella misma le robó su derecho de nacimiento para intentar forzar el amor de un hombre que, al final, solo trajo más concubinas tras la muerte de Luna.

—Eras mi arma para romper el orden —escupió Xiomara—. Mi plan era elevarte para que mi hijo pudiera ascender, para que el Clan Wei me volviera a mirar, para que el estatus de Di que desperdicié volviera a mí a través de tu ascenso. ¡Todo lo que hice era para que ese niño tuviera el lugar que a mí se me negó!

—Tu hijo es un Du, Xiomara. Y lo seguirá siendo. Él no tiene mi fuerza, ni mi mérito. Él es solo el resultado de tu fracaso —respondió Rose.

Rose miró al niño con absoluta indiferencia. No lo odiaba, pero él era el recordatorio del favoritismo de Xiomara, un espejo de la parcialidad que tanto detestó en Fernando. Para Rose, el hecho de ser Di era la prueba de que el mundo era incapaz de valorar la fuerza pura; la obligaban a ser un "adorno" cuando ella solo quería ser como su maestro, libre de reglas y castas.

—Maté a Fernando porque no soportaba su favoritismo, ese que también vi en ti durante años —continuó Rose—. Tú me forzaste a ser fuerte, a destruir a Thiara, a sacrificar mi salud por una meta que ahora se siente como un insulto. El Emperador me dio el título de Di, pero mi mérito es haber sobrevivido a tu locura, no a tu sangre.

Nota: Durante años, Xiomara fue consciente del colapso físico de Rose, pero optó por ignorarlo. Los médicos del clan, incapaces de diagnosticar la verdadera naturaleza de su deterioro tras el uso excesivo de Chi, lo categorizaron inicialmente como "fatiga crónica". A medida que el cuadro de Rose empeoraba, Xiomara simplemente lo desestimó, viendo a su hija no como una joven que se desvanecía, sino como una herramienta cuya vida útil debía ser estirada hasta el límite de la victoria.

Rose se retiró, dejando a Xiomara sola frente a su realidad. La concubina se dio cuenta de que no había logrado nada: ni el amor de Fernando, ni el poder para su hijo, ni su regreso al Clan Wei. Había destruido su linaje para que la mujer que ella misma secuestró se convirtiera en su juez, coronada con el apellido de la rival a la que intentó borrar. Xiomara vivía en una casa que ya no le pertenecía, sirviendo a una hija que la despreciaba, atrapada en la sombra de un éxito que, para Rose, no era más que una mentira hipócrita.



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