La Venganza de Nyer | Capítulo 9: La masacre del salón 7mo G (Parte 1)

⚠️ Advertencia de Contenido: Este capítulo incluye descripciones gráficas de violencia, horror y elementos de canibalismo. Se recomienda discreción al lector.

Capítulo 9: La masacre del salón 7mo G parte 1

Salón 7mo 'G' del instituto Happygirl.

Cuando los docentes se abrieron paso para pasar, pudieron visualizar el suceso que estaba ocurriendo en el salón 7mo G, quedándose impactados por ver cómo una de las estudiantes se estaba comiendo la entraña de una de sus compañeras de clase, que yacía muerta en el piso mientras que las audiencias con horror la veían.

Solo lo que tuvieron ahí sabía el acto sangriento que había acontecido en ese salón, lo que llegaron al final sólo vieron el acto caníbal de una de las estudiantes.

Uno de los profesores que habían llegado adjunto con el otro grupo, tuvo el valor de agarrar a la niña que actuaba como una loca sedienta de comer carne humana, era la demostración del canibalismo en todo su esplendor.

Por lo tanto, no se había tomado la molestia de ver el aspecto de la niña, debido a que la sangre de la víctima le cubría por lo que no era notable su característica fisiológica. Además, la tenía agarrada de la espalda, mientras que por la boca de esta se le corría la sangre de su víctima.

—Emitiendo un sonido. —¡Graw... Ah. Ra! —Mi entra está tratando de liberarse.

Notando así la fuerza que tenía la estudiante que sujetaba, considerando la edad de la joven, se caracterizaría como una fuerza sobrehumana que incluso si estuviera con adrenalina no podría ejercer ese tipo de fuerza por encima de una persona adulta. Llevando al docente un esfuerzo excesivo para someterla, temiendo que la pueda lastimar en el proceso.

Mediante el sometimiento de la alumna, algunos docentes habían ido a pedir ayuda, mientras que el ambiente se cernía en un silencio sepulcral que si un alfiler cayera al piso se escucharía al instante.

El silencio fue sorprendido cuando un ruido de una rotura de hueso se hizo eco en la sala. Al percatarse de dónde provenía el ruido se hizo tarde para cualquier reacción, ya que la niña había hecho girar su cabeza en un grado 360° procediendo a morder el pecho del docente, soltándolo en el instante.

La joven cayó de rodilla a causa de la empujada, para luego tomar la pose de perro, mascando el trozo de carne que le arrancó del pecho al docente, masticándolo como si fuera algo exquisito.

A ver el comportamiento de la niña hacia él, un enojo inexplicable comenzó a surgir, mirándola con unos ojos llenos de rabia mientras se desangraba en el lugar, ignorando la acción de hace un segundo. Debido a la adrenalina del momento no sintió el dolor de la herida que tenía en su lado derecho.

No pasó ni un segundo que notó un malestar en su cuerpo, añadido con una debilidad inexplicable para él, además de sentir que algo caliente brotaba en el lado derecho de su pecho, para caer en cuenta del charco de sangre que estaba en el suelo.

—Haciendo que entrara en pánico. —¿No puede ser… moriré aquí de esta forma? —dijo el docente. —Mientras se tocaba la herida, sus manos no paraban de temblar, al ver la cantidad de sangre que le salía.

Los docentes y los alumnos solo miraban con horror a su colega/profesor, al ver cómo se desangraba. Más no se motivaban en querer ayudarle. Pero había algo que más los heló a todos ahí, por completo, excepto al profesor que seguía en estado de shock, y fue debido al cadáver de la otra estudiante que había sido comida por la niña que hirió al docente.

Ya que aquella joven que se encontraba muerta con la tripa del estómago hacia afuera demostrando el enorme agujero que le había hecho su compañera, así que no había forma de que sobreviviera, pero ahora se estaba moviendo como si nada.

Por otro lado, el docente que se encontraba herido no se había percatado de este acontecimiento, ya que él estaba temblando por la excesiva sangre que perdía y por cada segundo que pasaba el charco se volvía más grande, se estaba secando, el color de los labios se puso pálido y la tez rosada de su cachete cambiaron por el cual no se había percatado del fenómeno que estaba ocurriendo al frente suyo.

Hasta que fue lanzado al piso por dicho cadáver, que no le dio tiempo a reaccionar, comenzó a luchar por apartarla, pero cayó en cuenta que la fuerza del cadáver era igual a la chica que trató de someterla.

Sintió que en ese momento el llamado de la parca comenzaría a anunciar su hora, ya que había usado toda su fuerza con la otra estudiante que ya no podía batallar más.

—Comenzó a gritar. —¡Ayúdenme… Sáquenla de encima de mí, por favor… ¡No tengo más fuerza! ¡Ayuda! —decía el docente. —Mientras barría con la mirada a las pocas personas que se encontraban ahí.

Pero en cambio lo que recibió fue la indiferencia, todos trataban de desviar su mirada de él, cuando más él lo miraba, ellos volteaban su mirada debido a que sentían de que a ellos les pasaba igual, pensaron todos

“¿Por qué ellos tenían que hacer algo que los policías deberían hacer, además de que si se metían podían agravar la situación, o más culparlos de lo sucedido?”.

Uno de los docentes ahí que no quería seguir escuchando el ruego de su colega, le dice.

—¡Porque no esperaste a que la policía viniera y te pusiste a hacer el héroe solo porque quisiste llamar la atención, y mira como terminaste! —en tono enojado le dijo.

Esta palabra fría le cayó como hielo duro a él ya que nunca había querido llamar la atención como lo decía su colega, lo único que quería era salvar la vida de la estudiante, pensó “¿Acaso estuve mal, o es que acaso es malo ser un buen docente, porque mi acción tuvo que ser tomada así?”.

Ya no trató de llamar a sus compañeros, miró a las niñas.

—Les dijo: Queridas alumnas no hagan caso lo que dicen mis colegas, ellos solo están confundidos, así que ¡por favor ayúdenme o busquen ayuda! Trataré de aguantar hasta que lleguen!

No pudieron responder debido a un golpe ensordecedor que se hizo escuchar en toda la sala, haciendo que las personas más cercanas al hecho pusieran la cara azul.

Vieron como el cadáver que estaba forcejeando con el docente acababa de presionarlo con más fuerza contra el suelo, con tanta fuerza que hizo sonar el piso haciéndole escapar un desgarrador grito por parte del docente.

—¡Ya no puedo más…, Ayuda! —les dijo el docente. —En son de súplica, para que se compadecieran de él.

Al escuchar esta palabra, y ver cómo se desarrollaba todo, las niñas comenzaron a entrar en pánico.

—Gritando: ¡Por qué tenemos que ayudar, solo somos estudiantes! —dijeron las niñas, en tono desesperado.




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