📖 Capítulo 2: La Caída del Clan Monte
En ese mismo lapso de tiempo, en la capital Yui.
El clan Monte se sumió en el caos debido a la ausencia de la segunda señorita, la heredera principal.
El patriarca Fernando, cegado por el enojo, ordenó con una voz que resonó en todo el patio:
—¡Reúnan a todas las personas de las demás residencias aquí y ahora! ¡Y traigan al sirviente de la segunda señorita, sin falta!
Su mirada se posó en el mayordomo mientras una sonrisa siniestra se dibujaba en su rostro. Hoy, si no aparece ella, ¡alguien deberá pagar con su vida por no haber cuidado a mi heredera!, pensó. Fernando recordaba muy bien la enorme responsabilidad que cargaba desde que asumió el mando tras la muerte de su padre, el antiguo líder.
La orden del líder causó un ajetreo inmediato en cada rincón de la residencia. Algunos sirvientes mostraban un nerviosismo evidente, mientras que otros fingían tranquilidad. En la Residencia del Sol se reunieron las dos concubinas del líder, la matriarca Xizi Ri (madre de Fernando y viuda del antiguo líder), los dos hermanos varones del patriarca con sus respectivas familias y toda la servidumbre.
Cuando el líder estuvo frente a ellos, su furia envolvió la habitación:
—¿Alguien me puede dar una explicación detallada de dónde ha ido?
Bajo la presión de su voz, algunas de las sirvientas de la segunda señorita comenzaron a experimentar una intensa culpa.
—Hijo, cálmate, por favor —intervino la matriarca Xizi Ri, intentando mediar con la autoridad que le otorgaba ser su madre.
—¿Calmarme? —respondió Fernando, exasperado—. ¿Es que acaso no te importa tu nieta? ¡Me fui a cumplir mis labores por el bien del clan y, al regresar, me encuentro con que mi hija no está!
Rose Monte, la primera hija del líder (nacida de la primera concubina), habló con voz cargada de frustración:
—¡Padre, también somos tus hijos, y mi hermano también es tu hijo! ¿Es que acaso padre no nos reconoce?
El líder la miró con sorpresa.
—¿Por qué dices eso, primera señorita Shu?
Rose guardó silencio, pero su mente era un torbellino de odio y confusión. ¿Por qué hace esta diferencia con ella? ¿Por qué no puede tratarnos igual que a mis otras hermanas? ¿No es una cuestión de estatus? Si fuera por eso, todos los hijos Shu, nacidos de concubinas, recibiríamos este mismo trato frío. ¿Será que él amó en serio a una sola mujer, y esa fue la esposa principal? Aun así, ¿por qué es tan frío conmigo y con mi hermano consanguíneo?
Sumida en ese silencio, Rose recordó la primera vez que le había hecho esa misma pregunta a su propia madre, la primera concubina.
[Flashback]Era otoño en el continente Dragón. Las hojas de los árboles se teñían como un arcoíris, creando un escenario colorido que jugaba con el blanco manto de la nieve.En ese momento, Rose estaba en su habitación junto a su madre, quien se encontraba más arreglada de lo normal.—¡Felicitaciones, primera señorita Shu! —anunció el mayordomo, entrando para entregarle un presente—. Esto es para usted. El joven amo lo envió por su esfuerzo.Al escuchar esas palabras, Rose sintió una punzada en el corazón. Las lágrimas amenazaron con brotar, pero las contuvo a la fuerza.—¿Padre no va a venir a felicitarme? —preguntó con un hilo de voz.El mayordomo la miró con lástima antes de responder:—El amo está ocupado, primera señorita.En ese instante, una escena cruzó la mente de Rose: recordó una tarde en la que jugaba con su hermana menor, Thiara, y cómo su padre las trataba bien a ambas en ese entonces.—¿Por qué padre no me quiere? —le preguntó a su madre con los ojos llenos de lágrimas—. ¿Acaso no soy su hija?La respuesta de su madre fue inmediata y brutal: la golpeó, la abofeteó y la castigó dejándola sin comer durante tres días por no saber cómo ganarse la atención del patriarca.[Fin del recuerdo]
Aquellas palabras de reclamo en el presente habían sido un impulso de enojo y frustración acumulada. Desde entonces, Rose había redirigido todo su odio hacia su hermana menor.
Madre siempre me ha maltratado por no llamar la atención de padre, pensó Rose con amargura. Quiero el amor de ambos, pero parece que eso es imposible. Me enfocaré en derrocar la injusticia del estatus para cambiar las reglas del clan. Con esa resolución, una sonrisa siniestra apareció en su rostro, aunque nadie en la sala lo notó.
—¡Basta! —exclamó el padre, harto del silencio de su hija—. No tengo tiempo para resolver tus acertijos.
Rose se justificó de inmediato, sintiéndose insultada una vez más:
—¡No, padre! Tú solo tienes ojos para mi hermana menor, en lugar de ver primero el beneficio del clan.
—¿Qué tiene que ver la desaparición de mi segunda hija con el beneficio del clan? —preguntó el líder, sorprendido—. ¿Desde cuándo salvar a una hija se convirtió en una desventaja?
El patriarca reflexionó por un segundo, intuyendo que alguien movía los hilos por la espalda. ¿Acaso quieren que la abandone solo porque el clan la ve como una desventaja? Alguien está manipulando este escenario.
—¡Eres una egoísta! —le espetó a Rose—. ¿No ves que ella ha desaparecido y nadie aquí se ha dignado a buscarla?
Rose lo fulminó con la mirada, pensó. Si tan solo una vez dejaras de pensar en ella... ¿Por qué esta diferencia tan grande entre ella y yo? Si no puedo tener tu afecto, entonces destruiré todo lo que Thiara ama.
Los parientes comenzaron a murmurar entre sí, avivando la discordia.
—No creo que la segunda hija sea apta para tomar el liderazgo —comentó el tercer tío con desdén—. Miren la hora que es y todavía no se ha presentado.
El segundo hermano del líder intervino apoyando la queja:
—Hermano mayor, ¿no crees que estás exagerando el problema y regañando injustamente a tu primera hija por causa de ella?
—¡¿Destrucción del clan por buscarla?! ¡No me hagan reír! —bramó el líder Fernando—. Aunque ella no tenga habilidades especiales y sea considerada una persona corriente, posee otras cualidades que ninguno de ustedes tiene. Por eso la apoyo.
El líder se guardó los detalles de lo que hacía especial a Thiara para evitar filtrar información sensible y causar más problemas. En ese momento, miró de reojo a la concubina. Esa maldita mujer se mantuvo adherida a mí tras la salvación de Su Majestad. Jamás debí haberla mantenido en el clan, pensó con arrepentimiento.
El segundo hermano se exaltó ante la defensa del líder:
—¡Hermano, estás demente! ¿Por qué quieres perjudicarnos a todo el clan? Sabes bien que en este mundo el fuerte es venerado y el débil es pisoteado. ¿Crees que esa basura puede ser considerada un genio?
La habitación se inundó de comentarios hirientes hacia la segunda señorita.
—¿Cómo puedes comparar a las grandes élites con ese don nadie? —se burló una de las hijas del segundo hermano.
—Ni un cerdo puede volar —añadió la primera concubina, Xiomara Wei Lu. Su intención era clara: echar más leña al fuego.
El segundo hermano continuó presionando:
—¿Crees que los demás clanes verán esto con buenos ojos? Nos causarán guerra y nuestro clan será exterminado. ¿Acaso crees que Su Majestad intervendrá en esta guerra de clanes por ella?
La atmósfera se volvió densa y asfixiante. El líder estaba a punto de replicar, dándose cuenta demasiado tarde de que sus palabras habían sembrado la discordia profunda entre sus hijos.
—¡Padre…! —interrumpió una voz dulce y lechosa. Era Mina Monte, la hija de la segunda concubina; una niña de apenas 9 años, clase guerrero y de elemento tierra.
—¿Eh…? ¿Te sucede algo, mi tercera hija? —preguntó Fernando, suavizando un poco el tono.
—¡Padre no nos quiere! —exclamó Mina con lágrimas en los ojos—. ¡Él prefiere que el clan muera con tal de protegerla a ella!
Las voces se hicieron escuchar con fuerza, rompiendo el tenso ambiente. El líder quedó sucumbido en sus pensamientos, abrumado por el nivel de odio y desprecio que su familia profesaba hacia Thiara. ¿Qué está pasando aquí? Nadie la ha buscado e incluso me exigen que deje de intentar buscarla... ¿Será posible que ellos mismos le hayan hecho algo para desaparecerla?
Con el corazón lleno de amargura, Fernando expuso su queja ante todos los presentes:
—¿Es este el verdadero rostro de esta familia? ¿Acaso ya olvidaron a la esposa principal y su contribución a este clan? ¿Esta es su manera de agradecerle, despreciando a su hija? Además, entiéndanlo: Luna Xiu Lin es y será el único gran amor de mi vida.
Al escuchar esto, la primera concubina, Xiomara Wei Lu, se cegó por la furia. Liberó su maná para fortalecer su fuerza física y se acercó al líder con la intención de propinarle una bofetada. Desde que llegué al clan Monte siempre intenté complacerte. ¿Por qué no puedes olvidarla? ¿Por qué esa maldita perra sigue en tu corazón?!, pensó llena de veneno.
Fernando, enfurecido por la actitud de Xiomara Wei Lu, la esquivó, la agarró firmemente por el cuello y comenzó a ahorcarla.
—¡Maldita! —sentenció—. ¿Es que no sabes ocupar tu lugar? Solo eres una concubina.
Xiomara sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo al ver los ojos de su esposo. No hay duda... esta vez él va a cumplir su promesa de matarme con su propia mano, pensó.
—¡Suéltame...! ¡Lo siento...! —alcanzó a decir con una voz casi intangible.
Nadie en la sala quería defenderla; ni la propia matriarca Xizi Ri intervino, ya que sabía perfectamente como madre que lo que había hecho Xiomara estaba mal.
—¡Para... por favor! ¡Padre, es mi madre, no la mates! —gritó Rose Monte intentando detenerlo.
En ese mismo instante, el llanto de un recién nacido, Carlos Monte Wei (el cuarto hijo del líder, un bebé de apenas 2 meses, hermano consanguíneo de Rose e hijo de Xiomara), resonó con fuerza en la habitación, volviendo el ambiente completamente caótico. Rose aprovechó el momento y empujó a su padre, permitiriendo que Xiomara Wei Lu escapara de su agarre y cayera al suelo, tosiendo violentamente.
El líder dio un paso atrás, cuestionándose la conducta de Rose en su mente. ¿Cómo puede ser posible que una hija mía se atreva a cuestionar mis acciones de esta forma? Se enderezó y le dio una oportunidad para que se justificara.
—¡Hija poco filial! —bramó Fernando—. ¿Tienes la osadía de levantar tu mano contra tu padre?
Rose lo miró con el rostro pálido pero con una expresión cenicienta:
—¡Padre! ¿Acaso mi madre merece ser tratada así? ¿Es que ella no vale nada para ti? Yo he contribuido al clan con méritos. Si la vas a matar a ella, ¡mátenme a mí y a mi hermano también! De nada sirve vivir sin nuestra madre.
Al ver la resolución de la primera señorita, los parientes presentes se exaltaron y se arrodillaron en masa:
—¡Piedad por la primera señorita! ¡Por favor, sálvela, líder!
El líder hizo una mueca de profundo desdén. Suplican por una concubina y sus hijos Shu, pero no por mi hija principal. ¿Cómo pueden ser tan ingratos con la verdadera heroína que salvó a este clan?, pensó. En su fuego interno, Fernando maldecía por no haber matado en el pasado a la asesina de su mujer, Xiomara Wei.
[Flashback]Años atrás, durante una noche de tormenta en la ciudad de Yui.En la Gran Sala de la Residencia del Sol, Luna Xiu y Fernando dormían plácidamente. La felicidad de la pareja era palpable, especialmente porque Luna estaba embarazada. Sin embargo, había una sombra en su felicidad: Xiomara Wei, la concubina que también estaba embarazada del líder en ese momento (esperando a Rose).La noche cambió cuando llegó una orden urgente del emperador. Fernando se marchó de inmediato, dejando a su esposa preocupada. Esa misma noche, Xiomara Wei contrató a mercenarios para matar a la esposa principal y al bebé que llevaba en su vientre.La batalla fue intensa, pero Luna Xiu, debilitada por el embarazo, sucumbió. Los asesinos descubrieron que el bebé nonato tenía una gran cantidad de maná latente y decidieron dejarlo vivo con un propósito oscuro: refinar una pastilla medicinal de grado alto.Fernando llegó justo a tiempo para salvar la vida de Luna Xiu, pero no pudo evitar que le arrancaran a su primogénito directamente de la barriga. La pérdida de su hijo causó un profundo quiebre emocional en la pareja. A pesar de todo, el tiempo pasó y Fernando y Luna Xiu volvieron a encontrar la felicidad con la llegada de su segunda hija (y única hija Di), Thiara. Sin embargo, Xiomara Wei no se rindió; utilizó el nacimiento de su hija mayor para intentar acercarse de nuevo al líder y seguir sembrando la discordia.[Fin del Flashback]
Fernando recordó toda su frustración y odio acumulado hacia Xiomara Wei. Mientras tanto, Rose pensaba que el silencio actual de su padre se debía a la súplica de los parientes presentes.
—¡Padre... perdone a mi madre su falta! —insistió Rose—. Ella ya comprendió su error.
Sin embargo, los pensamientos de Fernando volaron hacia la fatídica noche en que perdió definitivamente a su esposa principal.
[Flashback]Había ido al establo a domar un caballo enloquecido, pero su esposa y su pequeña hija aparecieron de repente en el lugar.
El animal, fuera de sí, arremetió contra ellas. Luna Xiu, debilitada en un segundo por un extraño letargo, no tuvo tiempo de reaccionar; en lugar de defenderse, usó su propio cuerpo para proteger a la pequeña Thiara, muriendo bajo los brutales pisotones.
Devastado por el dolor, Fernando se hundió en el abandono emocional hacia su segunda hija. Sin embargo, a medida que Thiara crecía y su parecido con Luna se volvía innegable, las sospechas del patriarca despertaron. ¿Cómo una cultivadora de su nivel pudo morir de forma tan simple? Su investigación secreta dio frutos amargos: el traje que Luna vestía esa noche había sido impregnado con el extracto de una planta letal.
Un veneno de olor casi intangible, capaz no solo de enloquecer a las bestias, sino de sellar el flujo de Chi de cualquier cultivador veterano, dejándolo indefenso. Xiomara Wei lo había planeado todo.
[Fin del Flashback]
Aquel evento cambió la vida de Fernando. Se perdió en su propio dolor y abandonó emocionalmente a su segunda hija, Thiara, aunque más tarde se arrepintió profundamente. Cuando descubrió la verdad oculta tras las dos tragedias que marcaron su vida, se enfureció y fue en busca de Xiomara Wei para ejecutarla. No obstante, en ese lapso de tiempo, la concubina había salvado al emperador de una peligrosa persecución.
El emperador, agradecido, intervino y le concedió tres deseos absolutos a Fernando, siempre y cuando no matara a Xiomara Wei. Fernando aceptó los términos bajo tres condiciones estrictas:
- Mi segunda hija, Thiara, será mi única y legítima heredera.
- No volverá a haber una esposa principal en el clan Monte.
- El tercer deseo lo guardo para el futuro.
El emperador se sorprendió ante tales exigencias, pero aceptó el trato.
El líder volvió en sí en el presente al escuchar nuevamente la voz de su primera hija, Rose. Ignorando por completo su súplica, se centró únicamente en la búsqueda de Thiara.
—¿Dónde está Thiara Monte? —gritó Fernando, repitiendo la exigencia.
Rose sintió cómo el resentimiento terminaba de romper su control al verse ignorada de esa manera.
—¡Padre ya no es apto para ser el líder! —exclamó con vehemencia—. ¡Padre, tu fascinación por esa basura te ha cargado de ceguera! Yo soy más apta que ella; por lo tanto, ¡yo merezco ser la líder!
La facción de la familia que la apoyaba se unió a Rose de inmediato, coreando en la habitación:
—¡Aquí en este clan no aceptamos a los débiles! ¡No queremos que una basura nos lidere! ¡Queremos como líder a la primera señorita!
El líder se sintió profundamente cuestionado y perdió toda la calma, liberando el calor de su arma.
—¿Por qué insisten en lastimar a lo que más quiero? ¿A mi única hija nacida de Luna Xiu? —preguntó con indignación.
Rose se enfureció aún más al escuchar la distinción del nacimiento. ¿Quién ha dicho que una hija de concubina no vale lo mismo que una hija principal?, pensó llena de rencor.
Myriu Monte Niu, el tercer hermano del líder, habló intentando intervenir:
—Hermano, si no hay testigos ni evidencias de un crimen... ¿no crees que tu primera hija es un genio apto para el puesto?
El líder estalló de rabia al ver la complicidad de su propio hermano:
—¡Tú...! ¡Te voy a matar, los mataré a todos si le hicieron algo!
El segundo hermano del líder reaccionó de inmediato, protegiendo al tercer hermano con su escudo de Chi. Los espectadores en la sala se asombraron al ver la imponente espada de fuego del patriarca. El líder va completamente en serio en matar a su tercer hermano, pensaron con terror.
Nadie enviaba una tregua ni quería ver el resultado del choque destructivo entre los hermanos. Sin embargo, el segundo hermano logró mantener la barrera de protección sin que los demás se dieran cuenta de la sutil estrategia.
La matriarca Xizi Ri y los demás familiares intervinieron a gritos:
—¡Deténganse, hijos! ¡No lo mates! —bramó la anciana madre.
El líder Fernando detuvo su ataque al escuchar la voz de su madre, pero ese instante de duda fue aprovechado por la traición.
El impacto estalló y una densa cortina de humo llenó la habitación. Cuando el torbellino de Chi finalmente se dispersó, todos los presentes se quedaron atónitos de horror: el líder yacía de rodillas, con el pecho limpiamente atravesado por la mano de Rose Monte. Aprovechando la distracción, ¡la primera señorita había asesinado a su propio padre!
—¿Cómo es posible esto...? —se preguntaron entre susurros temblorosos.
Rose se puso de pie, limpiándose la sangre de las manos con una frialdad implacable, y ordenó:
—¡Levanten el cuerpo! Y lleven a la matriarca a su cuarto en el patio Bellatrix. Será retenida allí bajo arresto domiciliario hasta mi nueva orden.
La matriarca Xizi Ri se enfrentó a ella, temblando de rabia y culpa:
—Tú... te atreves a ir en contra de los principios sagrados del clan. ¡Has asesinado a tu propio padre!
—¿Crees que no sé lo que tratas de hacer, abuela? —respondió Rose con desdén—. En este mundo todo se puede justificar siempre y cuando los testigos estén a favor. Si preguntan, yo fui quien mató a padre, pero lo hice en defensa propia para salvar la vida de mi tío. Esta nieta es la única apta para el puesto de líder.
La matriarca continuó reprochándole:
—Tú no tienes derecho a liderar. Has roto las leyes del clan.
Rose sonrió con malicia:
—La debilidad de su armadura la descubrí gracias a ti. Debería darte las gracias por ayudarme a deshacerme de padre.
La sala se llenó de murmullos mientras la anciana madre se ponía extremadamente nerviosa, enojada y llena de culpa. No pudo aguantar más la implicación y exclamó:
—¡Es mentira…! Yo jamás estaría de acuerdo en que mis hijos se maten entre sí. ¿Cómo iba a permitir esta barbaridad? Si hubiese sabido que tú, una hija de concubina, ibas a usurpar el liderazgo de mi hijo, ¡te hubiera matado desde un principio!
La matriarca viuda dijo esto con los ojos inyectados en sangre, mirando fijamente a Rose, quien se mantenía completamente tranquila.
—¿Si eso no te inquieta, entonces debo convencer a toda la familia? —añadió la matriarca con el rostro lleno de arrepentimiento—. Si hubiera sabido que la información sobre la armadura causaría que este monstruo asesinara al líder, jamás te habría ayudado. Además, mis hijos jamás me alzarían la mano a mí, su madre. El emperador no va a aceptar esta usurpación, aunque los ancianos estén de acuerdo.
Rose, al escuchar la mención del emperador, comenzó a llenarse de una profunda frialdad hacia la matriarca; lo que más detestaba eran los chantajes.
—Tú puedes tener tus méritos, pero ¿crees que la rama principal te apoyará? —sentenció la anciana.
No pudo terminar la frase, ya que fue interrumpida por una risa desquiciada de Rose.
—¿En serio estás hablando, o es que la edad te ha vuelto senil? ¿No te has puesto a pensar por qué ninguno de los Hovedgren de la rama principal se ha puesto de tu lado? Lo natural sería que los miembros de la línea directa te defendieran, ¿no? —dijo Rose con puro sarcasmo.
La matriarca se descompuso al mirar la confianza de Rose. Buscó desesperadamente una respuesta en los rostros de la élite familiar, pero cada uno de los Hovedgren presentes desvió la mirada.
—¿Es que acaso creen que una hija de concubina puede asumir el poder? —insistió la matriarca Xizi Ri—. ¿No piensan en nuestro prestigio? ¿Creen que ustedes, nacidos de la rama principal, son iguales a los hijos Shu?
Aquellas palabras hicieron reflexionar a todos, confirmando que la matriarca siempre había tenido preferencia hacia su hijo mayor, Fernando, en lugar del beneficio común. Recordando la advertencia de Rose sobre la hipocresía de la anciana, todos los Hovedgren presentes exclamaron al unísono:
—¡Estamos de acuerdo en que la primera señorita asuma el poder!
Las palabras cayeron como una bofetada directa que dejó a la matriarca en un estado de shock absoluto. La matriarca, Xizi Ri, recordó de golpe su propia infancia
[Flashback]
Durante una primavera calurosa en la zona rural del continente Dragón. Su clan de origen, los Rui, había caído en la miseria absoluta tras una época dorada.Las concubinas de su padre habían pedido el divorcio para regresar a sus hogares maternos, abandonándolos. Xizi Ri creció en esa pobreza, escuchando siempre la obsesión de los mayores por recuperar el honor perdido. Sin embargo, la escasez era notable y la presión familiar, asfixiante: los hermanos varones eran obligados a estudios de combate intensos, mientras que las mujeres eran tratadas prácticamente como esclavas hasta que lograban un matrimonio ventajoso.[Fin del flashback]
Los sirvientes asignados escoltaron a la matriarca hacia su patio, Bellatrix, dejándola bajo estricto arresto domiciliario. Rose se volvió hacia los hombres que quedaban en la sala mientras el alba empezaba a despuntar.
—Ya va a amanecer. Anuncien a todos la muerte del líder Fernando y de mi segunda hermana, Thiara —ordenó.
—¿Cómo diremos que murieron? —preguntó uno de los tíos con curiosidad.
Rose se detuvo un momento, hilando la mentira de forma controlada:
—Digan que mi hermana fue a la Cueva del Silencio sin sus guardias porque quería probar que no era una inútil, pero fue interceptada por una bestia espiritual y murió. Cuando nos enteramos de su imprudencia fuimos a enviar ayuda, pero al llegar solo encontramos su cuerpo desfigurado. Un cadáver difícil de reconocer, pero que distinguimos por el anillo de plata en forma de fénix que llevaba en su mano derecha; la reliquia que le dio su madre.
—Y ¿qué hay de nuestro líder? —cuestionó otro sirviente.
Rose se encogió de hombros con naturalidad:
—Padre fue a la Cueva del Silencio a pesar de nuestras advertencias, movido por el dolor tras enterarse, y también cayó víctima de la misma bestia espiritual. Su cuerpo estaba demasiado dañado por las heridas. Si el emperador pregunta cómo alguien de su categoría pudo ser derrotado, dirán que padre era poderoso y su armadura real también, pero allá afuera hay criaturas más fuertes. Sugieran que tal vez ofendió a alguien debido a los asuntos de mi hermana y eso lo llevó a la muerte. Cuando lo encontramos, tenía un hueco masivo en el pecho, consistente con el ataque de una bestia sagrada. Un muerto no puede hablar, así que todos asumirán lo que digamos.
Hizo una pausa en su mente, recordando los peligros reales del lugar. Es verdad que a la Cueva del Silencio no se va solo; incluso el más fuerte requiere compañía por los rumores de la bestia sagrada. Él no llevaba la armadura del emperador esa noche... un error que facilitó todo.
Myriu Monte la interrumpió de golpe:
—¿Hoy se realizará el funeral, pero si solo tenemos un cuerpo, qué le diremos al clan sobre el otro?
En ese instante, la puerta principal se abrió y un hombre de confianza ingresó cargando un bulto envuelto en plástico. Todos se pusieron en alerta.
—Hiciste lo que te pedí —afirmó Rose.
El hombre saludó formalmente a la nueva líder, ignorando a los demás:
—Ama, conseguí un cuerpo con la misma estatura y profesiones de la segunda señorita. Lo único diferente es su rostro.
—Mmm... Ya veo. No importa. Desfiguren por completo el rostro del cadáver y háganlo pasar por el de mi hermana. Hagan todo lo posible para que se parezca —ordenó Rose sin un ápice de remordimiento, causando un horror silencioso entre los presentes.
—Tercer tío, ya tengo todo calculado y arreglado —añadió Rose, volviéndose hacia su pariente.
—¿No es muy pronto para asumir el poder absoluto? ¿Cómo puedes asegurar que los ancianos del templo te acepten? —preguntaron los líderes menores con duda.
Rose sonrió de medio lado y extrajo un objeto de su bolso de seda. Al verlo, todos los presentes quedaron petrificados en sus asientos. Se trataba de un jade tallado en forma de oso: la insignia sagrada de ser el alumno directo de uno de los Cinco Grandes Maestros de los cinco continentes.
Mientras mostraba el jade, un pensamiento amargo cruzó la mente de Rose: No importa el talento que tenga ni los méritos que adquiera; si no naces siendo una hija Di de la esposa principal, en este clan todo es en vano. ¿Es que acaso un loro puede convertirse en gaviota por mucho que lo desee? Jamás cambiará el color de sus plumas. Por eso necesité la fuerza... para obligarlos a darme el lugar que no querían darme.
—Vean esto —sentenció, mostrando el jade como símbolo definitivo de su nuevo estatus—. Yo no pienso caer ni dejar caer a quien me siga. Si el clan me da su lealtad, yo, Rose Monte, no voy a permitir que pasemos vergüenza ante nadie.
Al iniciar el día, las órdenes se ejecutaron exactamente como ella lo había planeado.

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