La Venganza de Nyer: Valores Fracturados y el Acecho de la Bestia (Cap. 34)

Cap 34: La Desaparición de Nyer

Ariel despertó de su sorpresa y se dirigió a su padre con una mezcla de confusión y preocupación.

—¡HEY... Papá ¿Qué pasó? ¿Cómo es que desapareció frente a nuestras narices?! —Lo dijo con los ojos bien abiertos, mientras que las órbitas de sus ojos se ampliaban como dos platinos.

Wilmer, su padre, respondió con tono seco, ocultando su asombro. —No lo sé…—lo dijo, sin dar importancia... a la desaparición de Nyer.

Mario, quien estaba deprimido porque nadie le paraba bola, se metió en la conversación.

—A lo mejor solo corrió, y no nos dimos cuenta ¿Por qué escandalizarse por que se esfumó como el viento? ¡El verdadero problema es que huyó! ¡Una niña sola en un mundo lleno de infectados ¿Qué podría ser ella sola?! ¡Debemos ir por ella! —Lo dijo de manera alarmante, olvidándose de que Nyer había anunciado de manera no directa que había acabado con los infectados de la escuela.

Las palabras de Mario causaron un silencio incómodo en el grupo.

Rodolfo, el tío de Nyer, presenció el silencio como algo absurdo. "¡Por mí que desaparezca esa niña, al fin y al cabo, soloa, no quiero que esté cerca de mi familia ahora que puede hablar!" pensó Rodolfo.

Los adultos del grupo andaban cuestionando lo que dijo Mario en sus mentes.

"¡Tiene razón Mario, pero no era algo que le competía, ya que era un problema interno entre ellos, y no un asunto externo, como para que ellos puedan opinar, ya que era su colega que tendría que buscar a la niña, y si él pidiera ayuda no le negaría, el problema era... ¿aún si fuera por ella, dónde la podría buscar, es lo mismo que buscar la muerte?!" pensó Wilmer.

Tanto fue el silencio, que el tiempo comenzó a correr. Ya se estaba haciendo tarde.

Rodolfo, con una voz estruendosa, se hizo escuchar en ese momento, atrayendo la atención de todos. —¡No vamos a hacer nada por traer a esa niña, ella decidió irse por su cuenta, pues bien, que se la arregle por ella misma como sobrevive! —Lo dijo con el ceño fruncido, mientras miraba a su hija Thiara, quien se encontraba encogida por el dolor.

Thiara sucumbió en su pensamiento. "¡Maldita seas Nyer, esta es la segunda vez que me humillas, ya no habrá más oportunidades, esta vez te golpearé yo con mis propias manos!" pensó Thiara, mientras se sujetaba de su padre.

Todos quedaron sorprendidos por lo que Rodolfo había dicho sobre su sobrina. Pensaron que no era la forma en que un adulto debería actuar. Ariel se sintió triste y decepcionada por la actitud de su padre hacia Nyer. Quería reprocharle, pero no pudo, ya que su padre la agarró del brazo, atrayendo su atención hacia él.

Ariel miró a su padre con una tristeza, lo hizo de manera disimulada, para que no se diera cuenta. Wilmer no la notó, ya que miraba a Rodolfo y a su hija.

"Los niños con carácter como ella son muy difíciles de congeniar. ¿Qué pasaría si se vuelve una molestia para él? No estaría yo como Rodolfo", pensó Wilmer.

La escena terminó con un ambiente tenso y dramático, con un sentido de tristeza y decepción. La desaparición de Nyer había dejado una marca en el grupo, y la relación entre los personajes se había vuelto más complicada.

La noche cae sobre la ciudad Mario miraba al grupo consternado, pensando "¡Hash...! ¡Ya no podemos hacer nada, ella decidió su camino, nosotros también debemos movernos, si el tío no quiere hacer nada por ella no podemos hacer nada, y muy pronto la noche va caer!". Con esto en su mente, habló: "Si no nos movemos, se va hacer más tarde".

Los demás, al escuchar esto, dejaron de lado lo que dijo Rodolfo y comenzaron a entrar a la camioneta, dejando atrás a Nyer y continuando por su propio camino.

La noche comenzó a caer, y las luces de la ciudad se encendieron, iluminando el caos que reinaba en las calles. El grupo de Rodolfo y compañía se dirigía a la casa de éste, para luego ir por su familia. Luego de ahí, ellos iban a buscar a la familia de Wilmer, para luego terminar con la familia de Mario.

Eso eran sus planes, de ahí se iban a separar. El orden de la ruta lo eligieron de acuerdo al lugar en donde vivía, debido a eso, la ruta que quedaba más cerca era el de Rodolfo. Además, cada uno de ellos estaba preocupado por su familia. El motivo de no separarse era debido al auto, ya que no tenían corazón para dejar a Rodolfo y a su familia a su suerte.

A medida que pasaba el tiempo en el auto, se percataron de las aglomeraciones de infectados que había en las calles. Al principio, pensaron que era normal que se aglomerasen, ya que la situación en la que estaban no daba motivo para pensar en otra cosa. Sin embargo, la ciudad estaba en completo caos, y era difícil pensar con claridad.

En el transcurso del viaje, ellos tuvieron que abandonar parte de su humanidad y pensar en su propio beneficio, pasando por encima de personas vivas o no vivas.

Había personas que se lanzaban al parabrisas solo para pedirles ayuda, y ellos, ya sea por miedo o dudas de si estaban o no infectados, no les quedó de otra que eludir o pasar por encima de esas personas o infectados.

Cada quien estaba por lo suyo en ese momento crítico. Así que, a medida que encontraban obstáculos, ellos cambiaban de ruta hasta que les cayó la noche.

Con toda la ciudad en silencio, lo único que se escuchaba era el ruido de los infectados, para más tarde ser opacado por los gritos desgarradores de personas pidiendo ayuda, para luego caer en un silencio sepulcral.

Con el silencio presente, pensaron que ya no había más obstáculos, así que bajaron la guardia. Pero estaban muy equivocados al pensar que el silencio era un buen presagio. Era donde el peligro estaba al acecho, solo que ellos no lo sabían.

En el auto, Mario era el que conducía, mientras que Wilmer estaba al lado de él y Rodolfo estaba en la parte de atrás con las niñas, pero en medio de ambas niñas.

Thiara, ya se le había pasado el dolor del golpe que le había propinado Nyer, ahora se encontraba recostada en el hombro de su padre, como si lo que acontecía afuera no fuera algo de lo que tuviera que preocuparse.

Sabía que su padre estaba ahí para ella, y muy pronto se reuniría con su madre. Le importaba muy poco el dolor de los demás.

La poca moral que tenía era para hacerse relucir delante de los demás y hacer lo que ella quería. En cambio, Ariel se sentía mal por todo lo que ocurría a su alrededor.

El solo ver todas esas personas que se habían aventado para pedir ayuda, encima algunas muertas, le hacía cuestionar las enseñanzas de su padre, dándoles un mal sabor de boca. Pensó: "Mis valores estaban siendo cuestionados por la persona que menos esperé. ¿Por qué permitió eso? ¡Yo no quiero abandonar a nadie ni ver morir a nadie!".

Mientras estas palabras resonaban en su mente, sus ojos se le hacían agua, y unas lágrimas rodaron en su mejilla, para reflexionar: "¿Cómo puede mi padre ponerme en ese dilema? ¿Cómo puede hacer como si nada?". Lo pensó mientras se secaba la lágrima sin que nadie se diera cuenta. Volvió a pensar: "No sé cómo dirigirme a mi padre ahora, ya que él fue quien me enseñó esos valores. ¿Ahora, me están siendo cuestionados? ¿Qué debo o no debo hacer?".

En eso, comenzó a recordar el trayecto del camino desde que habían dejado a Nyer atrás.

Recordó cómo una mujer con un niño en brazo se tiró al parabrisas pidiendo ayuda. Su acción provocó que el auto frenara horriblemente, haciendo que todos se asustaran.

Su padre preguntó a todos si estaban bien, y todos respondieron que sí. Pero lo que más le dolió fue cuando el padre de Thiara se enojó y le dijo a Mario que arrancara el auto, sin importarle la mujer y su hijo.

Yo(Ariel) quería ayudarlos, pero mi padre la detuvo, diciéndole que no era una buena idea.

La respuesta de su padre fue una cachetada que resonó hasta su alma.
Al recordar esta escena, Ariel sintió un gran dolor en su alma. Pensó: "¿Con esta acción que tomó mi padre? ¿Cómo podré verle a la cara? ¿Acaso debo olvidar todo lo que me enseñó solo por mi conveniencia como él lo hace?". Con todos estos pensamientos dando vueltas en su mente, solo se concentró en una cosa: "¿Cómo enfrentar a mi padre?". Lo pensó mientras miraba afuera de la ventana del auto, evitando mirar a los demás, no por vergüenza, sino por enojo.

Después de ese suceso que aconteció, nadie le habló a Ariel. Pensó: "Sé que yo tenía razón, pero a nadie le importó mi opinión. ¿Qué esperaba de los amigos de mis padres? ¿Si él dejó a un lado sus valores, como no sus amistades?".

Por ende, había un mal ambiente en el auto. Nadie hablaba, solo Mario y Rodolfo hablaban, y eso era por la dirección de este último.

Sin darse cuenta, una criatura colosal en forma de perro se paró enfrente de ellos, de la nada, estrellándose con el auto. El sonido de la llanta se hizo escuchar, y si no fuera porque todos estaban con su cinturón de seguridad... ¡hubieran salido volando por el parabrisas!

📖 ÍNDICE

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El siguiente es Cap. 39: El Ataque del Z. Villi koira y el Despertar de Ariel.
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