La Venganza de Nyer | Capítulo 12: La Pesadilla en el Piso 13 (Parte 1)

⚠️ ADVERTENCIA DE CONTENIDO: Este capítulo contiene escenas de horror corporal y violencia gráfica. Se recomienda discreción.

Capítulo 12: La Pesadilla en el Piso 13 parte 1.

El sonido de la puerta abriéndose se hizo eco, y a escuchar el ruido, él volvió en sí.

Salió y procedió a caminar hacia la oficina, para darse cuenta de que solo estaban los tres: él, Mario y Wilmer, que lo miraban fijamente en ese momento.

"¿Cómo si fuera un payaso?", pensó. "¿Dónde están mis demás colegas del trabajo?".

Mario y Wilmer se acercaron a él con una sonrisa maliciosa en sus rostros.

Mientras caminaban hacia él, él seguía pensando: "¿Dónde están mis demás colegas del trabajo?".

Pero fue interrumpido por Mario, que le preguntó: "¿Has llegado temprano hoy? ¿Y cómo es que no sabías que hoy era junta y que íbamos a trabajar desde la tarde hasta la noche?".

Rodolfo se quedó con la boca abierta, como si fuera un pez fuera del agua.

Sus colegas se rieron a carcajadas, y hasta él mismo se rió de su propio descuido. Luego, llamó a su hogar para informar que llegaría tarde.

Después de la llamada, se puso a conversar con sus colegas en esas horas libres, ya que también habían cometido el mismo error que él. "¿Sino cómo es que ellos están aquí?", pensó.

En definitiva, así fue. Se rieron de sus propios descuidos y luego escucharon el sonido del ascensor. No sabían de dónde venía, si era de la planta baja o de las plantas altas, pero estaban atentos a si el ascensor se abría en su planta.

Y dijo y hecho, el ascensor sonó en su planta. Los tres se miraron emocionados, sin dejar de reír.

"Parece que llegó otro compañero", dijo Mario, riendo.

Se dirigieron al ascensor para recibir al nuevo llegado, sin dejar de reír entre ellos.

"¿Será Raúl o Fabián?", preguntó Mario.

"¡Que va, como va a ser ellos!", respondió Wilmer, dándole un codazo en la costilla a Mario.

Mario aulló de dolor, pero se contuvo al ver lo que había llegado al ascensor.

El ascensor se abrió, mostrando una escena horripilante. Una mujer con uniforme de la empresa se estaba comiendo el rostro de un hombre tendido en el piso del ascensor.

Los tres se quedaron impactados, helados hasta la médula.

Mario comenzó a vomitar, apartándose, pero no le dio tiempo de ir al baño.

Rodolfo y Wilmer se acercaron a él, poniéndose uno a cada lado.

"¿Estás bien?", le preguntó Rodolfo, poniendo su mano en el hombro de Mario.

Pero Mario no respondió, seguía vomitando.

Wilmer comenzó a sobarle la espalda y a preguntarle lo mismo que Rodolfo.

"¿Te encuentras bien?", le preguntó Wilmer.

Mario solo asintió con la cabeza, seguía con malestar.

Rodolfo se apartó, dirigiendo su mirada hacia la escena del ascensor. Su mente estaba llena de preguntas. "¿Quiénes son estas personas?", pensó. "¿La chica era de la planta de arriba? ¿Y el hombre que está tendido en el piso del ascensor?".

De repente, la mujer se dio cuenta de que la estaban viendo. Se volvió hacia ellos, con ojos teñidos de blanco, fuera de órbita. Emitió un rugido, mostrando sus dientes llenos de sangre y carne. Dejó de arrancarle la tripa al hombre tendido en el piso y se dirigió hacia ellos.

"¡Graw!", rugió.

Sus pasos eran lentos, ya que cojeaba, pero eso les dio tiempo a los tres para reaccionar.

"¡Si no fuera porque la mujer era lenta y el ascensor se está cerrando justo a tiempo, fuéramos nosotros los que estaríamos como ese hombre!", pensó Rodolfo.

El ascensor se cerró, y los tres suspiraron de alivio.

"¿Pero qué demonios fue eso?", murmuró Rodolfo.

Sus colegas también estaban asustados, sin poder hablar debido al pánico.

De repente, el ascensor volvió a sonar.

"¡Pow! ¡Pow! ¡Pow!", resonó el sonido, seguido de rugidos. "¡Graw!", gritó la mujer.

A escuchar aquel sonido, los tres pensaron en unísono: "¡El ascensor todavía no había bajado, y si sigue así se abrirá por sí mismo!".

No pasó mucho tiempo antes de que el ascensor comenzara a sonar de nuevo, anunciando que se estaba abriendo.

Aquel ruido era el llamado de la parca para ellos. Los tres pusieron una cara de horror, sin poder despegar su mirada del ascensor.

La cara de Rodolfo comenzó a sudar como si fuera un termo hirviendo.

Mario, que se encontraba enfermo, pegó un grito. "¡Ni loco pienso morir aquí sin hacer nada!", exclamó.

Se paró y se dirigió al ascensor con el objetivo de hacer que bajara, apretando los botones de afuera y dando al botón de bajada.

"¡Ah... baja, baja...! ¡No deseo morir aquí!", gritó Mario, con una cara pálida y los nervios en punta.

Rodolfo, que veía lo temerario que podía llegar a ser Mario, pensó: "¿No puedo creer que tuviera más pantalones que yo y que Wilmer? ¡Y eso que estaba horrorizado por lo que vio, incluso vomitó!".

De tanto esfuerzo de parte de Mario por sobrevivir, dio fruto.

El ascensor emitió el sonido de subida, dándole un alivio a todos, incluyendo a Mario, que se desmayó. Rodolfo y Wilmer se miraron, sin saber qué hacer a continuación.

La situación era demasiado surrealista, demasiado aterradora.






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